La gran mayoría de las esfuerzos de las empresas no fructifican por la manera de hacer las cosas; es decir, su cultura.

La cultura de una empresa puede traer buenos resultados o por el contrario, puede ir en detrimento de sí misma y ser un obstáculo para su crecimiento.

Conocí una empresa en el mercado de desarrollo de tecnologías que invirtió tiempo y dinero en crear una App para universidades y escuelas. Después de mucha inversión de tiempo en su diseño así como en la publicidad y ventas, a final de cuentas nunca la pudieron vender, simplemente no había interés porque no respondía a las necesidades del mercado. La cultura de esa empresa está basada en el cambio, la innovación y estar en la vanguardia de la tecnología, aunque en realidad a los clientes ésto no les importaba y tampoco les interesaba comprar su producto.

La cultura de la empresa se vuelve un gran freno si no se identifica los elementos que detienen su crecimiento, y para encontrarlos se necesitan observar con “nuevos ojos”.

Como antropólogo corporativo puedo decir que la cultura se compone de formas de ser y de pensar que comparte un grupo social como: sus valores, creencias, idioma y otros rasgos característicos propios. Las empresas por su parte, tienen su propia cultura y ésta varía de una a otra, su identidad, creencias y valores, no pueden ser iguales.

La cultura de una empresa es “visible”, se puede ver en la formas de relación entre los colaboradores, la relación que tiene la empresa con sus clientes e, incluso, hasta en los mismos productos/servicios, ya que todo ello refleja lo que es la organización y lo que estima como importante; ya lo vimos como el caso de la App con la empresa de desarrollo tecnológico.

Otro ejemplo más para ilustrar la cultura de una organización. Un amigo gerente de una empresa está en el sector de venta de llantas y la cultura del negocio está basada en el mercado y la competencia. Él ha sido muy exitoso y de hecho, lo han movido de una sucursal pequeña a una más grande para crecer más la empresa. Lo importante para él es alcanzar la meta de ventas cueste lo que cueste y, esto ha sido la parte central de la cultura de la empresa.

Debido a su impetuosa personalidad y poder de decisión se logran las metas de ventas, los dueños están muy contentos con su desempeño; sin embargo, pareciera que los problemas de rotación de personal y las muchas dificultades que se presentan día a día con la administración son de minúscula importancia. Mientras lo más importante esté cubierto, el resto pareciera que no tiene mucha relevancia y por tanto, no se le da la suficiente atención. Así es la cultura de esta empresa, hay mucha improvisación y los talentos individuales, no de equipo, son clave en su “éxito”.

Muchas empresas no cambian su cultura porque están habituados a los mismos comportamientos que se repiten una y otra vez; no necesariamente los pueden “ver”, están tan cerca que no son siquiera visibles; como una pestaña en el ojo que no vemos pero que está ahí y ya es parte de lo que somos.

“Desde una perspectiva meramente antropológica, no existe en realidad una cultura organizacional buena o mala, o una mejor que la otra; lo que si es que existe son organizaciones cuyos estilos de liderazgo, valores, y formas de hacer las cosas arrojan resultados diferentes”.

En las empresas en las que hemos trabajado con Antropología Corporativa hemos ayudamos a empresarios a ver con “nuevos ojos” su propia cultura a través de talleres y asesorías; así han podido tomar acciones puntuales para crear el tipo de cultura que desean tener el futuro y en sintonía con los resultados que quieren lograr.

Si necesitas ayuda para ver y transformar los hábitos de la cultura actual en tu negocio, mándanos un mensaje por linkedin @OscarBarrera o correo: drbarrera@antropologiacorporativa.mx